martes, 31 de agosto de 2010

Indispensables

Uno de los indispensables que aconseja nuestra adorada Lonely Planet antes de visitar México es poseer un "paladar aventurero", a lo que añadiría yo la coletilla de "y estómago de hierro". Otro de estos mencionados es el tener una gran "pasión por los imprevistos".

Imprevistos en el DF puede haber muchos, pero de lo que no se salva ni un sólo día en época de lluvias es de una buena tormentita. Cosa que procuro enfatizar a mis visitas veraniegas antes de su viaje a la Ciudad de México, y cosa por la que todo visitante no termina de entender. "Pero si estamos en verano, joder". "Sí, hijo, pero estamos en el trópico". Y es lo que pasa cuando tú le das tal información a tu hermano, y su pobre novia se viene con toda la ropa de verano. Ni modo.

Y aunque mi segunda visita familiar vino un poquito más preparada, no dejaron de comprarse paraguas, chubasqueros y catiscuas para combatir el usual cubo de agua que suele caer desde el techo mexicano. El cielo del DF no tiene piedad, no. Y así les recibió el día que llegaron, el día que se fueron con el señor Zepeda a Teotihuacán, nos acompañó el día que queríamos visitar Chichen Itzá y terminamos en una piscina caliente que creímos termal, el día que paseábamos por las calles de Oaxaca y el pobre de Javier tuvo que ir en busca y captura de paralluvias y plásticos, y otros tantos que mi memoria y la de ellos prefiere no recordar.

Menos mal que siempre queda el candor de algún viajero argentino para entonarle a mi madre un "pero qué relinda te ves", comentario éste de gran repercusión que no dejó de recordarse durante las picaduras de insectos, herpes en las bocas, quemaduras solares, diarreas temporales y esguinces de tobillo que abundaron en nuestro viaje.

Y es que "un seguro apropiado" es otro de los indispensables que nuestra amiga Lonely Planet aconseja en la puesta a punto rumbo México. Sí, sí, claro.

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Haciendo amigos (Vittorio o Luchino entre ellos):













Mérida:



Uxmal:



Chichen Itzá:



Cobá:





Playa de Tulum (nudista):



Ricas frutas en Puebla:





Oaxaca:





Árbol del Tule:



Hierve el Agua:









Mitla:



Tocando el Sol:



Monte Albán:



Alebrijes:



Chapulines:



Guanajuato:


martes, 24 de agosto de 2010

I+D+i

Otra cosa que voy a echar de México y que tantas conversaciones en la familia Angulo ha dado lugar, es el denominado "percheril". Se trata de un perchero de pequeño tamaño, bien sea de madera, metal o cualquier otra materia prima, que en los restaurantes aztecas de buen comer te sitúan al lado de la mesa para que todos los comensales coloquen cómodamente sus bolsos y chamarras.

"El problema es que en España no tenemos tanto sitio en los restaurantes", opinan algunos.

Sea como fuere, la idea que un día mi tía tuviera acerca de su importación a tierras españolas no termina de prosperar.





Habrá que ir investigando el tema de importar el dispositivo automático de jabón del baño y del papel higiénico.

Todo un invento.

martes, 17 de agosto de 2010

Un Julio sin Julio

Tras más de un mes de descanso, una victoria futbolera, unas mañanitas con mariachis incluidos, dos largas visitas y una gastritis aguda, ha llegado el momento de darse cuenta de que el tiempo restante en tierras aztecas apremia. Esto, a su vez, genera estrés y nerviosismo que se mezclan como si de un potaje se tratase y generan un rico aroma de reencuentro en tierras natales.











Y para no olvidar ciertas cosas que me hacen gracia, he comenzado una lista que he titulado "cosas que voy a echar de menos cuando deje México". Y es que hay ciertas costumbres y palabrejas o formas de expresarse que ya se me han pegado y que voy a añorar. ¿Qué va a ser de la palabra "botana", "charola", "popote", tan introducidas en mi vocabulario del día a día, o que va a ser de mí cuando, en un restaurante me dirija a un camarero y le diga "¡joven!"? Supongo que en algunos casos se me irán olvidando y en otros quizá me escupan en la sopa del cocido, pero son cosas que hay que asumir y que el tiempo, como sabio que es, pondrá o quitará a su antojo de mi diccionario andreíco mexicano, que un buen día un miembro de la familia Rueda me regaló.

Pero no son sólo los modismos y estructuras gramaticales lo que voy a echar en falta, también son los colores, las tradiciones prehispánicas, la gente, los viajes y mis historias con médicos y con farmacéuticos.

El otro día fui al médico a hacerme una endoscopía, como dicen aquí, y el doctor me encontró una preocupación cerebral en pleno duodeno intestinal.

- ¿Cómo es eso posible, doctor?
- Ay, hija, las preocupaciones por el avenir elijen su lugar en el cuerpo para huir de las espirales mentales a las que se ven sometidos.
- Mmm, ¿pero qué se puede hacer ante ello?
- ¡Lo que tú necesitas es beber mucho tequila! - sugiere entre risotadas- ¡jo, jo, jo!

Lo que usted diga doctor.

Este fin de semana lo he intentado, pero no lo he conseguido. Por mi esofagitis en grado dos no cabe más que cerveza, a lo sumo.


Mientras tanto a Don Julio vamos a dejarlo reposar un poquito más.

A ver qué pasa.