lunes, 28 de diciembre de 2009

Dulce Navidad

Como dicen que la distancia es el olvido, para no estar triste, me distancio del frío del DF y me voy a tierras bañadas por el Pacífico y por un solecito rico que me hacen olvidar que es Navidad y que este año estoy lejos del turrón y del polvorón. El pueblito elegido es Zihuatanejo, situado en una bahía y rodeado por montañas, y la prueba para estar entretenidos consiste en averiguar cuál es el hotel que Morgan Freeman y Tim Robbins montaron después de salir de su "Cadena Perpetua". Nosotros no vemos a ninguno de ellos dos, pero sí a muchos gringos y demás guiris, a una Sirena Gorda, a muchos cocodrilos y a unas cuantas gaviotas, que cada atardecer se zambullían en el agua, dejándose caer en picado desde las alturas para cazar a sus distraídas presas.



También vimos a un montón de pescadores, que amablemente nos dejaron montar en sus lanchas y nos llevaron de exploración a la Isla de Ixtapa, donde descubrimos la bonita playa de agua transparente y arena blanca, llamada Los Corales, y donde buceamos y nadamos entre bonitos peces de colores. De vuelta, los pescadores son muy majos y nos cocinan platos típicos con lo que han pescado: las famosas tiritas de pescado con sabor a limón, y el rico ceviche de pescado blanco.




Y yo ya no sé si es verano, invierno, otoño o qué, pero sé que la pequeña ciudad se me ha metido por dentro y que no me deja ir, que quiere que me quede aquí, que me pierda por los cafés bohemios que inundan sus calles llenas de música y melodías mexicanas. Así que me pierdo y me dejo llevar por la luna que aquí, al otro lado del planeta, está al revés. Y entonces una mano me agarra y me mete en un autobús de regreso. Es la mano de mi conciencia que me recuerda que mañana iré directa de la playa a trabajar.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Mañana de un Plácido Domingo

En un hotel de cinco estrellas de la Ciudad de México es donde se hospeda y allá que voy, a ver cómo es coronado Embajador del Aceite de Oliva de España por su homólogo diplomático en México, mi, quién-sabe-si, primo lejano. Mientras algunos estomágos rugen, otros se encogen por su presencia, y una hace lo que puede por comerse el exquisito desayuno. Después de ser coronado, nos cuenta a los presentes el amor que siente por México, país que le vio crecer, donde se formó y debutó como cantante; todo ello acompañado de un movimiento de brazos que nos hace ser dirigidos como si fuéramos los músicos de su particular orquesta. Seguidos por sus brazos, aplaudimos, nos acercamos, le hacemos fotos, nos hacen fotos con él, sacamos nuestros pañuelos, nos sonamos los mocos y le despedimos con lágrimas en los ojos mientras él nos susurra en re menor: "Os deseo un Plácido Domingo!"



Plaza Garibaldi

Igual que la zona de Polanco acoge a los fresas, la zona Rosa a los gays, la Plaza Garibaldi, en el corazón de la Ciudad de México, acoge a esta tribu urbana llamada mariachis. Algunos dicen que el origen de la palabra mariachi proviene del francés, mariage, cuando un gabachín que invadía México, observó cómo en una boda unos músicos muy alegres animaban la fiesta. Cuando fue a preguntar qué demonios estaba pasando, le respondieron "C'est un mariage". No sé lo conforme que se quedaría el francés con esta contestación, pero hoy hay teorías que lo desmienten, y otras que ni lo mienten ni lo desmienten, mientras yo, por desconocimiento, por ninguna de ellas me inclino ni me desinclino.

El caso, allí en Garibaldi hay miles de mariachis que vagan por las calles, parando a viandantes y a coches, mirándote con cara de pena para que les dejes que te canten "Con ese lunar que tienes..." y otros grandes hits. Sin embargo, son necesarios unos cuantos tequilas en el cuerpo para pedirles que lo hagan y lanzarte a bailar unas quebradillas al ritmo de su son. Y cuando ahí estás por los aires, ellos terminan y sin darte cuenta se van y te dejan con el corazón vacío (y el bolsillo también). Entonces tú les sigues, le tocas en el hombro a uno de ellos y le preguntas, "¿me dejas que te cante?".





martes, 15 de diciembre de 2009

Día de Guadalupe

Como cada 12 de diciembre de cada año, alrededor de unos 5 millones de peregrinos acuden al norte de la ciudad del DF a visitar la Basílica que acoge a la virgen de Guadalupe. Los hay que vienen de bien lejos, los hay quienes se cruzan toda la plaza caminando de rodillas hasta que les acaban sangrando, y los hay quienes son unos mirones y sólo van a cotillear a ver qué se cuece. Tal es la multitud en la plaza que acoge la basílica, la segunda más visitada del mundo, por detrás de la de San Pedro del Vaticano, que ardua es la tarea del último grupo. O al menos eso cuentan. También cuentan que los mexicanos adoran a esta virgen tanto, que hasta la han convertido en la patrona de su propio país; y todo porque se le apareció cuatro veces al indio Juan Diego , al que la virgen le dio unas cuantas rosas inexistentes por esas tierras, le dio una imagen suya, y le ordenó que le montaran un santuario en su honor. Ella quería adoración. Y lo consiguió.



martes, 8 de diciembre de 2009

Yo, Sirena

San Miguel de Allende

Camino a la ruta de la plata, un monje franciscano llamado fray Juan de San Miguel, allá por mediados del siglo XVI, siguiendo el paso de un grupo de perros a los que amaba, se paró junto a un manantial y fundó una ciudad a la que llamó San Miguel el Grande. Cuando pasaron los siglos y el pueblo se convirtió en ciudad, ésta se cambió de nombre por el de San Miguel de Allende, en honor a Ignacio Allende, revolucionario criollo nacido allí y muerto por la patria.



Y es que en cada rincón del país se respira cultura e historia. Y cuando visitamos el museo de Ignacio Allende, me sorprendo de lo poco que sé sobre la independencia de las colonias españolas y de lo poco que nos enseñan en el colegio acerca de la historia de Hispanoamérica. El museo de Ignacio Allende, que no era otro lugar que la casa donde nació y vivió, te cuenta la historia de este insurgente, muestra retratos del mismo y te muestra la cocina de la casa, donde se cocinaban cosas de lo más curiosas:


viernes, 4 de diciembre de 2009

Feria Internacional del Libro de Guadalajara

Evento por aquí, evento por allá. Que si aceite de oliva, que si día del vino, tralarí, tralará, esta vez además salgo fuera del DF y me planto en la FIL, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, una de las ferias más importantes del libro en español. No tenemos gafetes, tenemos que pagar la entrada de nuestros bolsillos, hay que hacer una larga cola, cuando llega nuestro turno la máquina para pagar con tarjetas no funciona, y cuando conseguimos entrar nadie sabe dónde podemos dejar las maletas. De un sitio para otro, como Asterix y Obelix en una de sus doce pruebas, por fin conseguimos encontrar el almacén, porque hacer entrevistas con traje y con macuto a mis espaldas no hubiera causado ninguna buena impresión... Del pabellón español a búsqueda de editoriales más grandes, nos movemos estresadas por la feria viendo cómo el tic tac de nuestros relojes pasa y todavía no contamos con información suficiente. Pero después de comer nos tranquilizamos, damos un par de vueltas más, y por fin damos con una responsable de la organización, que nos invita a un cocktail mientras se premia a una española por su brillante carrera de broker de derechos de autor.

Viendo que mi pesadilla no se ha convertido en realidad, me tranquilizo, nos paseamos como público corriente y moliente y me compro "Ensayo sobre la ceguera" a ver si, con calma, se esclarece mi miopía en mi viaje de regreso.




Tequila




Era se una vez que se era una tribu de indígenas llamada "tiquilos" que vivían felizmente en una región cálida, la actual región de Jalisco. Una noche, una gran tormenta sorprendió a algunos miembros de la tribu, cuando un rayo partió en dos los agaves que inundaban su paisaje. Cuando la tormenta cesó, más sorprendidos quedaron al ver que de la planta salía abundante líquido. Atraídos por el aroma, se acercaron a las plantas, probaron la bebida, y al quedar embriagados por su dulzor, probaron y probaron otra vez. A la mañana siguiente nadie se acordaba de lo que había pasado, sólo les quedaba una agradable sensación... Esa bebida tenía que ser un regalo de los dioses! Y así fue como empezaron a contar que habían visto en medio de la tormenta a la diosa Mayahuel, que tenía 400 pechos puntiagudos, y que un rayo divino partió su corazón en dos, ofreciendo la rica miel (el mezcal) que, fermentada, es hoy lo que se conoce como el tequila, la bebida que les hace ser tan alegres a los mexicanos.

Claro que el tequila que se exporta no está tan rico como el que se queda aquí en el país, porque cuando lo envían fuera lo mezclan con otros azúcares que no son del agave y, claro, está mucho más fuerte y mucho menos rico. Por eso tú lo tomas con sal y limón, y ellos, a palo seco o con juguito de tomate.

El hombre más feliz del mundo

Estos son tres chicharrones saltarines.

Salud, dinero y amor.
Por ese orden.
El primero que salte en tu mano.
Ese es.
El más afortunado
rol
en tu vida.
En la mía,
el amor.

O al menos eso me dijo el hombre más feliz del mundo, en la avenida principal de su Tlaquepaque natal. Un día, este hombre, cual monje indígena, se comió unas setas misteriosas. Gracias a ellas experimentó alegría, descontento, dolor, y, sin ningún tipo de ayuda, ni siquiera femenina, y cual toro bravío, veinte veces seguidas, experimentó la felicidad.

Desde entonces, es el hombre más feliz del mundo.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Guadalajara, Guadalajara

Corazón de México, cuna de los mariachis y el tequila, la ciudad de Guadalajara recibe con brazos abiertos a todos los que venimos del "defectuoso" (del DF, cariñosamente). Tras nuestra llegada, nos disponemos a probar torta ahogada (que no es más que un bocadillo de carne en salsa de tomate) y a dar una vuelta por el recorrido alternativo de la FIL, la Feria del Libro, que es a lo que hemos venido, en verdad. Nos alojamos en un hostel, que no hostal, donde conocemos a Tochito, que trabaja en la recepción y que es mitad americano, mitad mexicano, y nos advierte de la escasez del desayuno del hostal. Sin hacerle caso nos levantamos el sábado, desayunamos el efectivamente escaso desayuno y nos vamos de paseo al Tapatío Tour, donde nos explican que a los de Guadalajara se les llama así, tapatíos, que significa "3" en una unidad de medida que proviene del nahuatl. También nos explican que Guadalajara no existía como tal hasta que un tío muy despiadado, Beltrán de Guzmán, fundó la ciudad bautizándola igual que la ciudad española que le vio nacer del mismo nombre, antes de volverse a España para que le cortasen la cabeza por ser tan cruel con los indios. Niño malo.

La ruta nos lleva por Guadalajara, vemos miles de iglesias virreinales, palacetes de antiguos nobles españoles que ahora son restaurantes, y la bonita catedral donde, mientras hacíamos fotos, nos parecía estar en una ciudad española cualquiera.



Pero no, no estamos en España, así que nos cogemos otro tour que nos lleva para Tlaquepaque, zona residencial al sur de Guadalajara, donde habitan seres curiosos que nos venden artesanías baratas, nos cuentan por qué y desde cuándo creen en dios, y obligan a un pobre pajarito a que averigüe nuestro porvenir. Con nuestro descontento tras las noticias del pajarito, nos vamos a comer a un restaurante donde a las 3.30 nos esperaba un espectáculo de bailes folclóricos y guapos mariachis.





Con el estómago más que lleno, nos volvemos para volver a coger el tour, para que nos lleve a Zapopán, el Beverly Hills de Guadalajara. Pero resulta que los tapatíos andan revolucionados y han montado una manifestación que nos impide ver a los Brandon y Brenda mexicanos, con lo que nos volvemos al hostel, donde Tochito nos presenta a Miguel, el cual nos convence para ir al día siguiente al pueblo de Tequila...

Esa noche sueño que nos volvemos al DF sin ir a la FIL y no podemos hacer nuestro trabajo en la oficina...