Tres jóvenes británicos insoportables, dos parejas de mexicanos silenciosos y, otra vez, Rogelio ,pasan a buscarnos a nuestro bonito hostal hippy de San Cristobal de las Casas, lleno de guiris hippies, a las 9 de la mañana. En tan sólo 3 horas de nada, nos plantamos en las Cascadas del Chiflón: una cadena de cascadas que vas descubriendo de abajo a arriba, esquivando mosquitos con resec, y parando de tanto en tanto para tomar el aire que te brindan los cañaverales y palmares que decoran el entorno. Una vez arriba del todo, en la última cascada de 70 metros de altura, nos quedamos pensando si molaría o no tirarse en tirolina por esa bonito paisaje. Pero como los 3 jóvenes británicos tardan mucho en tirarse, "mejor", nos decimos, "nos dejamos llevar por la corriente", y nos bañamos en el río.
Como el agua del paraíso, el río nos llama, pero sus aguas son heladas y su suelo fanganoso. Además la corriente es violenta y Rogelio nos espera. En tan sólo otra horita y media nos planta en los Lagos de Montebello, el tiempo necesario para que el cielo se nuble y la policromía que nos prometieron que íbamos a admirar en los 59 lagos que conforman la región, pasó a ser de una sóla tonalidad: la del gris del cielo. Muertos de frío, en lugar de irnos en lancha a una bonita isla a pegarnos otro chapuzón, nos comemos unas quesadillas súper ricas y un chocolate puro de la región para acompañar nuestro delicioso café de hoya chiapaneco. Que nos excita, por cierto, y nos hace cantar canciones de Alaska ("no sé qué me das, que me hace volar"). Nos queremos comprar mantas y ponchos en los puestos de enfrente, pero como no nos gustan, convencemos a Roge para que nos lleve de vuelta a San Cristobal de las Casas, que allí sí que nos esperan bonitos ponchos hippies que nos solucionarán el resto del viaje.


Cascadas del chiflón

El gris de los lagos de Montebello. Al fondo se ve Guatemala.

Rogelio jugueteando con un ¡quera!


Los 3 jóvenes británico dando la nota
Como el agua del paraíso, el río nos llama, pero sus aguas son heladas y su suelo fanganoso. Además la corriente es violenta y Rogelio nos espera. En tan sólo otra horita y media nos planta en los Lagos de Montebello, el tiempo necesario para que el cielo se nuble y la policromía que nos prometieron que íbamos a admirar en los 59 lagos que conforman la región, pasó a ser de una sóla tonalidad: la del gris del cielo. Muertos de frío, en lugar de irnos en lancha a una bonita isla a pegarnos otro chapuzón, nos comemos unas quesadillas súper ricas y un chocolate puro de la región para acompañar nuestro delicioso café de hoya chiapaneco. Que nos excita, por cierto, y nos hace cantar canciones de Alaska ("no sé qué me das, que me hace volar"). Nos queremos comprar mantas y ponchos en los puestos de enfrente, pero como no nos gustan, convencemos a Roge para que nos lleve de vuelta a San Cristobal de las Casas, que allí sí que nos esperan bonitos ponchos hippies que nos solucionarán el resto del viaje.
Cascadas del chiflón
El gris de los lagos de Montebello. Al fondo se ve Guatemala.
Rogelio jugueteando con un ¡quera!
Los 3 jóvenes británico dando la nota
San Cristóbal de las Casas es un pueblo muy hippie, lleno de mochileros europeos! nunca entendí por qué...
ResponderEliminarcen
¿Verdad? y gente súper guapa y súper interesante! quizá sea por la tranquilidad de la ciudad, las cafeterías de diseño, los revolucionarios de la zona... si tuviera playa cerca, sería el sitio perfecto para pasar un verano tranquilito.
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