martes, 16 de marzo de 2010

Xoloitzuintles

Bajando todo al sur, todo al sur, todo al sur de la Ciudad de México, así como que 50 minutos en metro desde mi casa, y presenciando las múltiples ventas que en él se acontecen por tan sólo 10 pesos, ("10 pesos le vale, 10 pesos le cuestaaa"), tales como cd's de grandes éxitos de los 90, de rancheras o de Enrique Bunbury, o de linternas muy útiles "para aquellos apagones inesperadooos" y que no podemos resistir a comprar... después de todo este teatrillo que nos mantiene entretenidos, conseguimos llegar a la delegación de Xochimilco (que significa "campo de flores" en nahuatl). Con la emoción que todo este trayecto ocasiona en toda persona primeriza en el DF, tengo que convencer a nuestras dos visitas para que se bajen del vagón y empezar nuestra andadura. Nuestra primera parada es en el museo de Dolores Olmedo, coleccionista, modelo y amiga de Diego Rivera, cuya casita es hoy museo que alberga obras de Frida Kahlo (si bien ahora sus cuadros están itinerando en algún lugar de Europa), y Diego Rivera, entre otros, así como una gran colección de xoloitzcuintles o, para que alguien lo pueda pronunciar, de perros aztecas.







Hermosas criaturas.



Después de observar a los perros, pavos reales y demás, agarramos pesero y nos lanzamos al embarcadero de Xochimilco a que una trajinera nos de un paseo por los canales que separan las distintas chinampas (o jardines flotantes) de Xochimilco. Allí el conductor de la trajinera, que la conduce cual gondolero de Venecia, "pero sin uniforme y más gordito", según sus propias palabras, nos ofrece unas bonitas vistas, nos acerca a las trajineras que venden comida y nos explica que en México están rellenitos porque es de mala educación rechazar comida cuando te la ofrecen. De momento él, en el tiempo que dura nuestro recorrido, lleva acumulado un helado deshecho, unas quesadillas de huitlacoche frías y una sonrisa en la boca. "Es que todavía no he aprendido a platicar y a comer al mismo tiempo", se disculpa. "Y empujar una lancha con un palo", añadiría yo. "Al ratito que lleguemos me lo tomo, no se preocupen", apostilla.














Después de hacer una parada en una chinampa hippie, bebernos un mojito hecho por una cubana y hacer un poquito de escala y rappel al mismo tiempo, regresamos a casa en taxi callejero. El conductor es majo y le damos propina.

4 comentarios:

  1. Los perros sin pelo, te cagas!!! si por 10 pesos me vendiesen uno, me llevaba un par...

    Maria Bonita, si ya sabia yo... El grodito gondolero fue uno de los más auténticos guias, explicación incluida.

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  2. madre la foto de maría no tiene desperdicio, jajajaja que graciosa con su sombrero!!!

    seguro que yo en mexico estaría como el gondolero: gorda como una vaca

    I love quesadillas

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  3. Por cierto que yo misma voy por el camino del gondolero... cómo me estoy poniendo... (si vinieses te llevaría a comer quesadillas de huitlacoche, mmmm!)

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